El origen del café

El origen del café es una incógnita que cuenta con muchas teorías y diferentes localizaciones. Una de las más aceptadas es la que sitúa el origen de este cultivo en las tierras altas de Etiopía.

Según cuenta una leyenda, un pastor de la tribu Kaldi vigilaba su rebaño de cabras mientras pastaba cuando observó algo llamativo al caer la noche. Los animales, en lugar de dormir permanecían despiertos y activos. Y así hasta que llegó el nuevo día.

Sorprendido por esta situación, el pastor vigiló al rebaño, prestando atención a lo que comían. En esto andaba cuando descubrió a sus cabras comiendo los frutos de un arbusto que nunca antes había visto.

Decidió imitarlos y probó los frutos. Obteniendo con ello los mismos efectos que habían causado en sus animales. El pastor pasó toda la noche en vela, sin poder conciliar el sueño por mucho que lo intentara. Era la primera vez que una persona probaba el cafeto y había comprobado sus efectos excitantes.

 

Expansión del café

A partir de aquí, la pista del café se pierde en el tiempo. Sin embargo, sí se tiene constancia de que el café fue expandiéndose en forma de bebida por todo el mundo. Al parecer, uno de los primeros países que visitó fue Yemen, desde donde se expandió a toda Arabia e India. Era el siglo XVI y el comercio con estas zonas se desarrollaba a través de rutas que conectaban Oriente con Occidente. Lo que supuso su distribución por todo el mundo.

Su uso, al principio, fue muy residual. De hecho, hubo que esperar a finales del siglo XVI cuando ya se estableciera en las principales ciudades europeas. Y en los puntos más destacados de Asia, donde también fue popularizándose. A ello ayudó que en el año 1575, las infusiones de café empezaron a generar interés entre la población gracias a los textos del botánico alemán Leonhard Rauwolf.

Habría que esperar, sin embargo, hasta 1690 para que comenzaran a aparecer cafés a lo largo de Europa que adoptan rápidamente la nueva bebida y la globalizan a través de las colonias esparcidas a nivel global. El caso más notorio es el de Nueva Ámsterdam, lo que conocemos hoy como Nueva York, que recibió el café a mediados del 1600 y en 1773 ya era la infusión más demandada por la población.

 

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El café se bebe

El consumo de café como bebida comenzó vinculado a las celebraciones rituales. Sin embargo, pronto empezó a consumirse en la vida cotidiana. De hecho, en 1511 un juzgado islámico determinó que el consumo de café era compatible con la religión. Lo que supuso que se expandiera por toda la península arábica, el golfo Pérsico y el mar Rojo, llegando a Estambul, capital del Imperio otomano, en 1550.

La curiosidad que despertaba esta sustancia, hizo que muchas personas ahondaran en la forma en que se podían preparar estos granos. De hecho, en Arabia, comenzó a prepararse empleando granos ligeramente tostados y mezclados con especias como el cardamomo, o que se endulzaba utilizando azúcar.

Es en ese momento cuando comenzaron desarrollarse las primeras nociones de lo  conocemos hoy en día como la preparación de café y los equipos de tostación.

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